Hace unos días estuve en una exposición de velas, claro, lo pintoresco aquí más allá de la iluminación, eran las formas extrañas que tenían.
La cera puede amoldarse realmente en figuras ciertamente particulares, retirándose el molde tubular tan propio de ella.
Lo clásico es ver un par de velas tubulares acompañando la mesa del comedor, como si fueran dos centinelas que vigilan esas cuatro patas de madera. Algunos tendrán velas en sus habitaciones y nunca faltará quién se bañe con velas para ¨purificarse¨, tal cual lo pregonan ciertas religiones; lo cierto está en que la vela es un objeto artístico dentro de la decoración de cualquier hogar y mi madre amante de ellas me formo en la apreciación de su belleza.
Hoy ver una vela tubular es poco común, la calle nos ofrece en ella una forma de expresión, las encontramos con forma de corazón, unas con diseño piramidal, alguna que otra recordándonos animales míticos y claro no faltan las que tienen dibujos gravados, aunque esas sean especialmente las fabricadas con motivos navideños.
Lo cierto alrededor de una vela está en que hoy actualmente no son el instrumento de la iluminación, sino un adorno bastante admirable dentro del hogar; yo personalmente tengo una fascinación por ellas, paso horas observando el movimiento rítmico de su llama, el desliz sutil de la cera y la delicadeza de su iluminación en lo oscuro de una habitación.
No pienso entregar una oda a este pequeño invento pero no puedo dejar de mencionar el gran favor que le hubiéramos hecho al mundo de haberlo usado siempre, hoy la contaminación sería menor, el ahorro de energía mayor; sí, ya sé que igual hubiéramos tenido que llegar a usar un foco, pero vamos acaso no podemos tener ciertos lugares de la casa que no requieran energía eléctrica para su iluminación.

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Yo soy de las que siempre que puedo enciendo velas ya que encuentro que dan a los ambientes una iluminación única que los hace como más acogedores. Será interesante probar el invento.